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Pasta alla Norma

marzo 19, 2018
Esta semana traigo un plato de pasta tradicional italiano, muy sencillo pero sabrosísimo, como la buena cocina de este país en la que priman los buenos productos y la simplicidad.
La pasta alla Norma proviene de Sicilia y toma su nombre de la ópera del mismo nombre del compositor siciliano Bellini. La berenjena es uno de los productos más presentes en la cocina siciliana y en esta salsa tiene un protagonismo absoluto, junto con el tomate. Con tan pocos ingredientes se consigue un plato lleno de sabor y de aromas mediterráneos.
El toque final de este plato son unas escamas de ricotta salada, pero yo no he podido encontrarla, así que nos hemos conformado con un poco de parmesano rallado, pero si tenéis acceso a ese tipo de ricotta no dudéis en usarla, vuestro plato quedará aún mejor.
En cualquier caso, no dejéis de probarlo, por el poco trabajo que da merece mucho la pena.
Pelar la berenjena y trocearla en dados, espolvorearla con sal y ponerla en un colador para que suelte el amargor.
Calentar dos o tres cucharadas de aceite en una cazuela y dorarlos dientes de ajo, una vez dorados retirarlos y desecharlos.
Picar las hojas de albahaca y rallar o trocear los tomates. Ponerlos en la cazuela  y dejar sofreir a fuego suave durante unos 20 minutos, hasta que tengamos una salsa espesita.
Secar los trozos de berenjena con papel de cocina y freirla en otra sartén con abundante aceite a fuego medio. una vez frita, mezclar la berenjena con la salsa de tomate y dejarla al fuego un par de minutos más para que se mezclen bien los sabores, rectificar de sal.
Cocer la pasta según las indicaciones del fabricante, escurrirla y mezclarla con la salsa, servirla enseguida acompañada de la ricotta o el parmesano.

Bizcocho caprese al limón

febrero 19, 2018
El bizcocho caprese, o "torta caprese" en italiano es un dulce napolitano que debe su nombre a la isla de Capri y del que existen dos versiones, la de chocolate que es la original y más conocida y la de limón con chocolate blanco. Ambas tienen en común estar elaboradas con almendra molida en lugar de harina y el ser un dulce contundente pero delicioso.
Ya se que el chocolate es imbatible para la mayoría, pero yo me atrevo a decir que me quedo con esta versión más fresca aunque también densa y llena de sabor. Aunque antes huía de cualquier receta con chocolate blanco porque no me gusta nada tal cual, me he dado cuenta de que al usarlo en la elaboración de dulces apenas se nota su sabor pero aporta una textura especial maravillosa.
Eso si, os advierto que este bizcocho es verdaderamente adictivo, así que vosotros veréis...
Yo lo he hecho en un molde de 20 cm, pero también quedará bien en uno de 22 cm. no os aconsejo un molde más grande porque quedaría demasiado fino. El tiempo de cocción, además del horno dependerá del tamaño del molde, si es de 22 cm tardará algo menos pero en cualquier caso os aconsejo comprobar si está bien hecho insertando una brocheta en el centro, deberá salir limpia, aunque este bizcocho siempre queda algo húmedo en el centro.
Precalentar el horno a 170º. Engrasar un molde de 20 ó 22 cm y forrar la base con un papel de horno.
Picar finamente el chocolate blanco.
Mezclar en un bol la almendra molida, el azúcar glas, la fécula, la levadura y el chocolate blanco. Añadir la mantequilla fundida y mezclar bien.
En otro bol, o en el recipiente de la amasadora poner los huevos, el azúcar normal, la ralladura de limón y las semillas de vainilla y batir bien a velocidad alta hasta que la mezcla triplique su volumen.
Añadir dos o tres cucharadas del batido a la mezcla de almendra y mezclar para aligerar un poco la mezcla, después unir ambas preparaciones y mezclar suavemente con una espátula hasta tener ua masa lisa.
Verter la mezcla en el molde y hornear durante unos 50/60 minutos.
Al sacarla del horno, esperar diez minutos para desmoldarlo y dejarlo enfriar sobre una rejilla, una vez frío cubrirlo generosamente con azúcar glas.

Canestrelli

febrero 05, 2018
Lo primero, antes de hablaros de estos deliciosos canestrelli es presentaros la nueva cara del blog, mucho más actual y con más fácil acceso a recetas antiguas que a veces se van quedando en el olvido, os aconsejo que uséis el índice y buscador de recetas donde podéis buscar por categorías y donde encontraréis imágenes de todas las recetas. Aún quedan algunas cosas que pulir, pero son pequeños detalles que no afectan a la navegación por el blog.
Este cambio se lo debo a mi querida amiga Maite Martin, una persona maravillosa que lo mismo te enseña una receta acompañada de maravillosas historias, a veces divertidas y a veces de las que te tocan el corazón en su blog Hierbas y especias, que te diseña una plantilla para el blog y te lo deja como un pincel. Así que si estás pensando en darle un nuevo aire a tu blog no dudes en contactar con ella, de regalo te llevarás el poder conocer a una persona extraordinaria.
Y respecto a los canestrelli, poco que decir ya que su aspecto habla por si solo de su suavidad y ternura y de su delicado sabor a vainilla. Desde que los encontré hace tiempo en este blog estaba loca por probarlos pero me faltaba un ingrediente, la fécula de patata que no podía encontrar en Cartagena.
Pero por fin, en mi viaje a las islas Eolias de septiembre pasado la encontré y me traje un paquete junto con algunas otras cosillas "imprescindibles".
Si vosotros tampoco encontrais la fécula de patata supongo que la podreis sustituir por otra fécula, de maíz o de arroz por ejemplo. Otro de los ingredientes que contribuyen a la deliciosa textura de estas galletas son las yemas de huevo cocidas que también están presentes en estas fantásticas galletas húngaras.
Poner en un bol la harina, el azúcar la fécula, la ralladura de limón y las semillas de la vaina de vainilla.
Añadir la mantequilla muy fría y cortada en dados.
Aplastar la yema de los huevos con un tenedor y añadirla al bol.
Trabajar con la punta de los dedos o en la amasadora con la pala hasta que se forme una bola.
Envolver la masa en film de cocina y dejar reposar en el frigorífico al menos durante una hora.
Pasado este tiempo, precalentar el horno a 170º y extender la masa con el rodillo sobre una superficie enharinada o sobre un papel de horno, dejándola con un espesor de un centímetro más o menos.
Cortar con un cortapastas con forma de flor y hacer el agujero central con una boquilla para manga pastelera. Hornear durante unos 15/20 minutos, no deben dorarse.
Al sacarlos del horno, dejarlos enfriar y espolvorearlos abundantemente con azúcar glas.

Salmón con jarabe de arce y naranja

enero 29, 2018


Hace año y medio hice un viaje a Canadá y pude visitar una "cabanne à sucre", el lugar donde se procesa el jarabe de arce de manera tradicional y de allí, aparte de jarabe de arce, azúcar de arce y mantequilla de arce, me traje un libro de recetas con este ingrediente tan querido por los canadienses.
Aunque nosotros asociamos el jarabe de arce con la repostería, en Canadá se le añade a toda clase de platos, como por ejemplo este salmón con jarabe de arce y naranja que resulta realmente delicioso.
Si a eso le añadimos que no da apenas trabajo y que lo podemos tener listo en unos veinte minutos, resulta ideal para preparar una cena rápida, sana y riquísima para toda la familia.
Ya veréis lo fácil que es...
Encender el horno en la posición de grill y a unos 200º
Rallar el jengibre y el ajo, poner la mantequilla en una sartén a fuego medio, cuando esté fundida añadir el ajo y el jengibre y cocinar durante un par de minutos.
Añadir el zumo de naranja y el jarabe de arce, salpimentar y dejar al fuego unos cinco minutos más para que reduzca un poco.
Poner los lomos de salmón, sin piel y sin espinas, en una fuente de horno engrasada con un poco de aceite, salar y verter la salsa por encima del salmón.
Meter en el horno y hornear durante unos 10 minutos, hasta que el salmón esté hecho y la salsa algo caramelizada.

Calissons

diciembre 16, 2016
Los calissons son unos dulces típicos de La Provenza, más concretamente de la ciudad de Aix-en -Provence, cuyos orígenes parece que se remontan al siglo XII. Se trata de una pasta elaborada con almendra y fruta confitada a la que se le da forma de almendra y se recubre con glasa real. El resultado son unos riquísimos pastelitos semejantes a nuestros mazapanes, aunque con el sabor especial que le confieren las frutas.
La receta original emplea melón confitado, pero también se pueden usar otras frutas confitadas, que es lo que he hecho yo, ya que no he encontrado el melón. Aunque no se trata de un dulce puramente navideño, todos los ingredientes los tenemos a manos en estas fechas, así que me parecen estupendos para incluirlos en nuestra bandeja de dulces.

 Respecto al cortador, casualmente me lo compré en París hace unos meses sin saber siquiera si lo iba a usar, así que al encontrar la receta en el libro À la mère de famille no me he podido resistir a hacerlos. Si no tenéis el cortador, simplemente cortarlos con un cuchillo o un cortapastas dándoles forma de rombo.
Poner el azúcar y el agua a calentar en un cazo.
Poner las frutas con el agua de azahar en una batidora y triturarlas.
Añadir las almendras molidas y la miel y mezclar.
Cuando el agua con el azúcar llegue a 120º, verterla sobre la mezcla y seguir batiendo durante unos dos minutos hasta que se forme una pasta.
Poner la pasta sobre una oblea, cubrirla con un papel de horno y extenderla con el rodillo hasta que tenga un grosor de 1 cm. Retirar el papel de horno y dejar que la pasta se seque al aire hasta el día siguiente.
Preparar el glaseado mezclando la clara de huevo con el azúcar glas, ha de quedar como una pasta algo espesa.
Cortar los calissons con el molde o con un cuchillo (se necesita algo de paciencia porque la masa es algo pegajosa)  Cubrirlos con la glasa con ayuda de un cuchillo o una espátula y hornearlos a 130º durante unos 5 minutos.

Linzertorte

noviembre 30, 2016
La Linzertorte o Tarta Linzer es una de las tartas clásicas centroeuropeas, en este caso proveniente de la ciudad austriaca de Linz de donde toma su nombre. Es bastante más sencilla de elaborar que otras como la Sacher o la Dobos, ya que se trata simplemente de una base de una especie de masa quebrada enriquecida con frutos secos y rellena de mermelada de frambuesa o grosella.
Como podéis imaginar, el resultado es delicioso, y tiene la ventaja de que su sabor mejora después de varios días, con lo que la podemos preparar con antelación para un día que tengamos invitados a los que sorprender con una tarta digna de la mejor pastelería.

Mezclar en un bol la harina, las avellanas molidas, la levadura, las especias y la sal. Hacer un hueco en el centro y añadir el azúcar glas, las yemas cocidas desmenuzadas, una yema cruda, el kirsch y la mantequilla ablandada.
Mezclar y amasar el tiempo justo para tener una masa lisa. Envolver con film y guardar en el frigorífico durante una hora.
Pasado este tiempo, extender la masa sobre una superficie enharinada o entre dos hojas de papel de horno. Forrar el fondo y las paredes de un molde de tarta de 22 cm.
Esparcir por el fondo las dos galletas molidas y cubrir con la mermelada. Con los restos de la masa, cortar unas tiras de unos 2 cm de ancho y formar un enrejado sobre la mermelada. Poner una tira de masa por el borde.
Barnizar la masa con la yema de huevo restante y poner en el frigorífico durante una media hora.
Precalentar el horno a 190º y hornear la tarta durante unos 35/40 minutos.
Antes de servirla, se puede espolvorear de azúcar glas.

Sardinas a la veneciana (Sarde in saor)

septiembre 27, 2016
Aquí estoy de nuevo después de tres largos meses de descanso disfrutando de algunos viajes, de la playa y de la visita de mis nietos. La verdad es que he perdido la costumbre de fotografiar todo lo que cocino y de publicarlo, pero el blog me ha dado tantas satisfacciones que sabía que algún día tendría que retomarlo.

Pues aquí estoy de nuevo con un riquísimo plato italiano, estas sardinas a la veneciana o "sarde in saor" que en realidad se trata de un escabeche con un toque dulce que lo hace especialmente delicioso.
Como todos los escabeches, es aconsejable dejar reposar estas sardinas durante al menos 24 horas antes de comerlas, y se conservan sin problema en el frigorífico durante varios días.
Ya veréis que su elaboración no tiene ninguna dificultad, y si vuestro pescadero es tan amable de limpiar y abrir las sardinas no tardaréis más de 15 ó 20 minutos en prepararlas.

Limpiar las sardinas y abrirlas quitándoles la espina central.
Pasarlas por harina, sacudiéndolas para quitar el exceso. Freirlas y reservarlas.

Cortar las cebollas en tiras y freirlas a fuego lento durante unos 15 minutos hasta que estén transparentes y bien pochadas. Pasado este tiempo, subir el fuego y añadir el azúcar,  el vinagre y un poco de sal, dejar cocer durante un par de minutos más.
Poner una capa de sardinas en una fuente honda, cubrirlas con una capa de cebolla y un puñado de pasas y piñones. Seguir poniendo capas en el mismo orden y terminar con una capa de cebollas cubriendolo todo. Dejar reposar en el frigorífico hasta el día siguiente.


 
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