Uvas encurtidas

Aquí estoy de nuevo después de casi un año desde la última entrada que publiqué, intentando ponerme al día con las antiguas rutinas de fotografiar, editar fotos y escribir en el blog que ya tenía casi olvidadas.

En este tiempo he pasado por una Navidad horrible, con varias visitas a urgencias sin que me dieran ninguna solución, una operación urgente en la noche de Reyes, de la que me desperté con un diagnostico de cáncer de colon, seguida de seis meses de quimioterapia que me dejaron sin fuerzas para casi nada. Y desde entonces, ir recuperando poco a poco tanto la forma física como las ganas de volver al blog del que durante muchos meses me había desentendido por completo.

Afortunadamente, ya me encuentro totalmente recuperada y con ánimos para volver a esta actividad que tantas alegrías me dio y a disfrutar de la vida aún más que en el pasado.


Y ya volviendo a la receta de hoy, he preferido empezar con una muy sencilla que no me diera mucho trabajo a la hora de hacer las fotos, que es lo que más me cansa, así que he escogido estas uvas encurtidas que vi en el blog Bake Streeet y me llamaron mucho la atención ya que no me imaginaba cómo quedaría la combinación del dulzor de la uva con el ácido del vinagre.

Pues si os gustan los encurtidos os aconsejo que probéis estas uvas que no os dejarán indiferentes y que quedan de maravilla para acompañar un buen queso, para alegrar una ensalada o para cualquier cosa que se os ocurra. Además no dan nada de trabajo y se preparan en un momento, eso si tendréis que esperar 4 ó 5 días para probarlas.

Trocear el jengibre y los chiles y poner todos los ingredientes menos las uvas en un cazo.
Ponerlo a fuego medio hasta que el azúcar se disuelva y el líquido alcance un ligero hervor.

Apartar el cazo del fuego y añadir las uvas previamente lavadas y dejarlas hasta que la mezcla se enfríe por completo.
Una vez frias, pasar las uvas y el líquido a un tarro hermético, procurando que queden bien cubiertas con el líquido.
Guardar en el frigorífico unos cinco días antes de consumirlas.
Si os gustan los encurtidos no dejéis de probar estos fantásticos calabacines encurtidos

Calissons

Los calissons son unos dulces típicos de La Provenza, más concretamente de la ciudad de Aix-en -Provence, cuyos orígenes parece que se remontan al siglo XII. Se trata de una pasta elaborada con almendra y fruta confitada a la que se le da forma de almendra y se recubre con glasa real. El resultado son unos riquísimos pastelitos semejantes a nuestros mazapanes, aunque con el sabor especial que le confieren las frutas.
La receta original emplea melón confitado, pero también se pueden usar otras frutas confitadas, que es lo que he hecho yo, ya que no he encontrado el melón. Aunque no se trata de un dulce puramente navideño, todos los ingredientes los tenemos a manos en estas fechas, así que me parecen estupendos para incluirlos en nuestra bandeja de dulces.

 Respecto al cortador, casualmente me lo compré en París hace unos meses sin saber siquiera si lo iba a usar, así que al encontrar la receta en el libro À la mère de famille no me he podido resistir a hacerlos. Si no tenéis el cortador, simplemente cortarlos con un cuchillo o un cortapastas dándoles forma de rombo.
Poner el azúcar y el agua a calentar en un cazo.
Poner las frutas con el agua de azahar en una batidora y triturarlas.
Añadir las almendras molidas y la miel y mezclar.
Cuando el agua con el azúcar llegue a 120º, verterla sobre la mezcla y seguir batiendo durante unos dos minutos hasta que se forme una pasta.
Poner la pasta sobre una oblea, cubrirla con un papel de horno y extenderla con el rodillo hasta que tenga un grosor de 1 cm. Retirar el papel de horno y dejar que la pasta se seque al aire hasta el día siguiente.
Preparar el glaseado mezclando la clara de huevo con el azúcar glas, ha de quedar como una pasta algo espesa.
Cortar los calissons con el molde o con un cuchillo (se necesita algo de paciencia porque la masa es algo pegajosa)  Cubrirlos con la glasa con ayuda de un cuchillo o una espátula y hornearlos a 130º durante unos 5 minutos.

salmon marinado con remolacha

Todos los años cuando se acerca la Navidad me gusta preparar un buen trozo de salmón marinado para preparar algunos aperitivos o para solucionar algunas cenas con muy poco trabajo.
Este año no me he podido resistir a este salmón marinado con remolacha que me ha seducido con ese precioso color rojo combinado con el naranja del salmón.
La preparación no tiene nada de dificultad, a mi lo único que se me hace algo pesado es cortar el salmón en lonchas finas, pero la verdad es que merece la pena para luego disfrutarlo sobre una buena rebanada de pan untado con mantequilla, queso crema, un poco de mostaza o mayonesa...lo que más os apetezca.
Rallar la remolacha y ponerla en un bol, añadir el coriandro, la ralladura de naranja, la sal y el azúcar y mezclar bien.
Poner el salmón en un recipiente con la piel hacia abajo. Cubrirlo con la mezcla de remolacha teniendo cuidado de que quede completamente cubierto.
Taparlo con film, poner encima un peso (un brick de leche irá bien) y guardarlo en el frigorífico durante unas 24 horas.
Pasado este tiempo, lavar el salmón bajo un chorro de agua fría para quitarle la sal, secarlo con un papel de cocina y cortarlo en lonchas finas con un cuchillo bien afilado.
Para conservarlo, ponerlo en un recipiente bien cubierto con aceite de girasol.