Crucero por Grecia y Turquía (2ª parte)
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Llegar a las ciudades por mar siempre tiene algo de especial, parece que es la cuidad la que se va acercando y desplegando todos sus encantos para atraer al navegante, pero cuando esa ciudad es Estambul, la emoción y la fascinación se multiplican. La Mezquita Azul, Santa Sofía, el palacio de Topkapi, se exiben casi impúdicamente frente al mar. Es entonces cuando uno empieza a creer que esos lugares míticos, tantas veces soñados, de verdad existen y te están esperando, asentados tranquilamente desde hace siglos sobre la ciudad del Bósforo.
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Solamente teníamos un día para visitar la ciudad, así que decidimos no intentar verlo todo, sino ir a nuestro ritmo, y al de los niños, y ver tranquilamente las cosas más importantes, sabiendo que habrá que volver a pasear sus calles sin prisas y a descubrir alguno de sus misterios.
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La mezquita Azul, con sus seis minaretes y sus múltiples cúpulas fue nuestra primera visita, si el exterior es majestuoso, el interior es un verdadero prodigio, ese gran espacio alumbrado por las enormes lámparas que descubren los miles de azulejos azules que recubren sus muros, el espacio dedicado a la oración, vacío y silencioso, todo el conjunto es de una belleza que sobrecoge…
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Justo enfrente, a pocos metros, la gran Santa Sofía nos espera, da vértigo pensar que lleva más de mil quinientos años reinando sobre la ciudad, haciéndola rezar a distintos dioses, dando cobijo a los creyentes de distintos credos, permaneciendo a pesar de los siglos, de las guerras, de los terremotos. Algo desconchada, pero fuerte y poderosa como siempre, y tan grandiosa y bella que apenas se puede creer.
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Tras una comida bastante decepcionante fuimos al Gran Bazar, otra de las visitas obligadas, aunque creo que solamente recorrimos una pequeña parte de ese intrincado laberinto de tiendas que ofrecen las más variadas mercancías.
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Tengo que reconocer que esta visita la disfruté menos de lo que esperaba, pues el hecho de tener que regatear durante media hora para cada cosa de la que se te ocurre preguntar el precio, para acabar con la sensación de que al final has pagado mucho más de su valor, es algo que me hace sentir realmente incómoda. Total, que solamente les compré un par de cosas a mis nietos, seguro que carísimas según la rapidez de los vendedores en aceptar mi precio.
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Lo que no me decepcionaron fueron los baklava en cualquiera de sus variedades…qué deliciosos!
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Tras una breve visita al bazar de las especias llegó la hora de volver al barco desde donde, ya anochecido, pudimos ver la ciudad iluminada para despedirse de nosotros…Hasta pronto!
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Después de un día de navegación en el que atravesamos el estrecho de los Dardanelos, llegamos a Mikonos, de nuevo en Grecia, donde disfrutaríamos de un día delicioso, tranquilo y relajado recorriendo el pequeño pueblo blanco y azul…
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La pequeña Venecia…
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El pelícano Petros…
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Los molinos…
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Las diminutas iglesias blancas…
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Debimos llegar el día de limpieza y pintura general, en esta calle acababan de pintar el suelo, así que una señora nos pidió que pisáramos solamente las piedras…
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Además, aunque para nosotros era el Domingo de Resurrección, en la religión ortodoxa era el Domingo de Ramos…
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¿Cómo resistirse a comer en esta taberna? Además la comida estuvo buenísima…
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Cada calle es más bonita que la anterior, cada rincón más encantador…
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¿Y qué me decís de nuestra pequeña fotógrafa?
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El último día llegamos de vuelta a Atenas y solamente teníamos esa mañana para la visita, así que aunque menos los niños todos habíamos estado ya en la Acrópolis, no pudimos resistirnos a subir de nuevo.
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Para mi era ya la tercera vez que la visitaba, pero es un lugar tan especial que uno nunca se cansa de admirarla…
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A pesar de los andamios y las grúas, de la cantidad ingente de turistas, del calor o del frío, que de las dos cosas he sufrido, subir a la Acrópolis y ver el Partenón nunca me deja indiferente, para mi tiene algo de lugar sagrado, de símbolo de algo importante, algo que de alguna manera está en mi forma de entender la vida, en mi cultura, en mis raíces más profundas…
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Y abajo, Atenas, inmensa, caotica, llena de problemas y de vida…
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A los pies de la Acrópolis está el Ágora, con el Teseión, un lugar precioso que apenas se aprecia después de bajar…
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Este fue el final de nuestro viaje, aunque aún nos quedaban muchas horas hasta llegar a casa, absolutamente cansados, pero deseando que llegue pronto el próximo viaje…













