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El Desafío: De como el Señor Marco Polo arribó a Cartagena y vino a cenar a mi cocina

marzo 16, 2014
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Hace veinte días recibí una misteriosa misiva, no un e-mail, ni un mensaje en Facebook, ni siquiera un WhatsApp, sino una carta amarillenta y escrita a mano en la que se me comunicaba que El Señor Marco Polo arribaría al puerto de Cartagena próximamente y que habiendo llegado a sus oídos noticias de lo mucho que me gusta preparar deliciosas viandas, solicitaba la merced de ser recibido en mi morada para disfrutar de alguno de mis platos.

La verdad es que me quedé un poco desconcertada, pero como buena gastrobloguera no podía dejar pasar la oportunidad de tener un excusa para cocinar, así que le respondí que me sentiría muy honrada de recibir a tan grande señor e intentar agasajarle como la ocasión merecía.
Entonces llegó el momento de pensar qué ofrecerle a alguien que ha llegado a ser el paradigma del viajero y de lo exótico…lo primero que pensé fue prepararle algunos platos chinos o de Asia Central, pero habiendo visto tantos capítulos de Españoles por el mundo me he dado cuenta de que quien vive fuera de su país, lo que más añora es la comida de su tierra, así que para que se sintiera como en casa, me decidí por una cena veneciana.
menu
Mi invitado llegó puntualmente, era un hombre de mediana edad, con barba poblada y ojos penetrantes, con una cortesía que hace tiempo desapareció de nuestro mundo, me agradeció que lo acogiera en mi casa y se disculpó por las molestias que me pudiera haber causado.
especias
Me ofreció una preciosa cajita llena de especias recién traídas de Oriente, y como el hambre ya apretaba, nos sentamos a la mesa deseando él probar mis viandas y yo escuchar sus historias.
Se mostró gratamente sorprendido por la elección del menú, pues confesó que estaba un poco cansado de los nidos de golondrina y la sopa de aleta de tiburón, por no hablar de los rollitos de primavera y el pato laqueado que le hacían comer en cada sitio donde lo invitaban.
Alabó generosamente todos y cada uno de mis platos, pero lo que más le emocionó fueron los frittelle (o fritoe como él los llamaba) un dulce típico del Carnaval veneciano que este año no había podido probar ya que se encontraba en plena navegación hacia España. En honor a la verdad he de decir que son una verdadera delicia y con ellos y una copa de grappa la conversación fluyó amena durante horas…
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Me contó cómo a los diecisiete años dejó su amada Venecia para viajar a Oriente con su padre y su tío, me habló de los grandes espacios de Asia Central, de las noches en lujosas tiendas bajo los cielos más estrellados que había visto nunca, de las grandes caravanas de camellos cargadas de toda clase de mercancías, de ríos tan anchos que parecían mares, de guerreros que nunca se bajaban de sus caballos, de mujeres misteriosas y esquivas de ojos rasgados, del aroma embriagador de las especias en mercados de ciudades aún más grandes que Venecia.
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Me contó cómo llegó a la corte del gran Kublai Khan, el hombre más poderoso de su época, cómo logró su confianza y cómo llegó a ser embajador del Khan y gobernador, me describió los palacios de oro, los trajes de las sedas más finas, las mil tribus, los cientos de animales nunca imaginados, las lenguas que tuvo que aprender, los inmensos desiertos, las más altas montañas…
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Me mostró un mapa con el recorrido de su interminable viaje y me confesó que a pesar de todas las aventuras, de todas las riquezas, de todas las maravillas que descubrió en tierras lejanas, durante cada noche de aquellos 24 años, añoraba su ciudad, sus canales, el olor a mar, sus vicoli y sus campi, el sonido de las olas contra las paredes de su casa, el carnaval y las noches de invierno cuando el frío y la humedad se metía en los huesos…
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Y por fin el regreso, tan distinto de aquel jovencito ansioso de aventura. Y después la guerra y la cárcel, y aquel Rustichello que escribió un libro relatando y exagerando todo lo que él le había contado.
Y por fin la vuelta definitiva, la tranquilidad, la familia…pero cada noche las ganas de escapar, de cabalgar por las estepas, de oler las especias, de escuchar los cantos de las mujeres de ojos rasgados, de no saber lo que traerá el mañana…
Y cómo una de esas noches de insomnio una idea se abrió paso entre sus divagaciones…¿y si en lugar de viajar hacia Oriente, lo hiciera en sentido contrario? ¿Qué habría más allá de aquella península que parecía ser el final del mundo?  ¿Qué nuevas maravillas encontraría?
Y así , llevado por aquella idea inconcebible, había fletado un barco y dejado de nuevo su amada ciudad, así había llegado a mi pequeño puerto y a mi casa.
Yo lo miré y no supe qué decirle, no pude hablarle de los grandes ríos, de las selvas, de los hombres que construían pirámides, de las grandes montañas y de las llanuras, del tabaco, y el cacao, del tomate y el maíz…no podía desvelar el secreto, todo aquello aún no existía.
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Lo dejé marchar con sus sueños, con sus ilusiones, con sus añoranzas…creo que nunca logró llegar a ese lugar soñado.
Y por si queréis revivir esa fantástica noche, si queréis contar aventuras durante horas, si queréis desvelarle a alguien vuestros sueños, os dejo la receta de estas maravillosas Frittelle veneziane…
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Poner a remojo las pasa con la grappa o el ron durante al menos media hora.
Poner la harina con la ralladura de naranja en un bol, añadir la leche y el huevo y mezclar con un batidor.
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Añadir el azúcar, la sal y la levadura y mezclar bien hasta tener una masa espesa pero fluida. Si queda muy espesa, añadir un poco de más de leche. Por último añadir las pasa escurridas y los piñones, mezclar bien.
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Cubrir y dejar levar en un sitio cálido durante unas dos horas.
Pasado este tiempo, poner al fuego un cazo con bastante aceite, poner una cáscara de limón y cuando empiece a chisporrotear, retirarla e ir cogiendo porciones de masa con una cuchara e irlas echando en el aceite. procurad no coger mucha cantidad cada vez, el tamaño ha de ser mas o menos de media cucharada. Cuando estén dorados por un lado darles la vuelta, sacarlos cuando estén bien dorados y escurrirlos sobre papel de cocina.
Espolvorearlos abundantemente con azúcar glas y comerlos templados o apenas se hayan enfriado.
Y ahora me dispongo a lanzar mi reto a:
                                      Virginia de Sweet & Sour ¿Aceptas el reto?
                                     ¿Y si viene a cenar Georges Brassens?
                                    ¡Tienes 20 días! Tic, tac, tic, tac…
¡Continúa el Desafío!
eldesafio

Fijuelas de señora Hadra (Hojuelas)

enero 29, 2012
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Hace unos meses me compré el libro Dulce lo vivas de Ana Bensadón, una recopilación de dulces sefardíes; ya el título me parece enormemente sugerente, y lo que encierra aún lo es más: una colección de las más dulces tradiciones de aquel pueblo que se vio obligado a abandonar su tierra (porque era tan suya como de cualquier otro) y que con enorme amor y nostalgia ha sabido mantener su bellísimo idioma y sus costumbres. En el libro aparecen recetas de mujeres sefardíes de todo el mundo y está lleno de miel, almendras, dátiles, nueces, ajonjolí, hojuelas, letuarios, buñuelos, marronchinos etc…¿No se os hace la boca agua?
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Estas Fijuelas u Hojuelas aparecen en la portada del libro y desde el principio llamaron mi atención por su preciosa forma y porque este tipo de dulces fritos era muy común en mi infancia, cuando en las casa no había hornos y las madres nos mimaban a bases de rollicos fritos, pestiños, flores…todos muy similares a estas deliciosas hojuelas bañadas en  un almíbar de miel y limón.
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Estos son los ingredientes: (yo hice la mitad para la cantidad que aparece en las fotos)
-2 huevos
-2 medios cascarones de huevo de aceite de oliva (6 cucharadas)
-1 medio cascarón de agua (3 cucharadas)
-1 medio cascarón de agua de azahar (3 cucharadas)
-el zumo de medio limón
-una pizca de sal
-1/2 cucharadita de levadura en polvo
-400 gr. de harina aprox.
Para el almíbar:
-2 vasos de azúcar
-1 vaso de agua
-1 limón entero troceado en cuartos
-8 cucharadas de miel
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Así se hace:
Mezclar los huevos, el aceite, el agua de azahar, la sal, la levadura, el agua y el zumo de limón.
Añadir poco a poco la harina e ir amasando hasta conseguir una masa homogénea que no se pegue a las manos. Espolvorear la encimera con harina y alisar la masa con el rodillo hasta tener una lámina lo más fina posible.
Cortar la masa en tiras de unos 4x30 cm.
Poner a calentar abundante aceite de girasol en una freidora o en un cazo.
Introducir un extremo de una tira de masa entre las púas de un tenedor y enrollarla toda alrededor, introducirla en el aceite bien caliente y ayudarnos con otro tenedor para soltar la masa y conseguir que mantenga bien la forma. Lo mejor es dejar que se abran un poco pero que sigan enrolladas.
Sacarlas y dejarlas escurrir sobre papel de cocina.
Preparar el almíbar poniendo todos los ingredientes en un cazo y hervir hasta obtener punto de hebra.
Bañar las hojuelas en el almíbar templado.
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D.B. Cannoli siciliani

noviembre 27, 2009

The November 2009 Daring Bakers Challenge was chosen and hosted by Lisa Michele of Parsley, Sage, Desserts and Line Drives. She chose the Italian Pastry, Cannolo (Cannoli is plural), using the cookbooks Lidia’s Italian-American Kitchen by Lidia Matticchio Bastianich and The Sopranos Family Cookbook by Allen Rucker; recipes by Michelle Scicolone, as ingredient/direction guides. She added her own modifications/changes, so the recipe is not 100% verbatim from either book.
El reto de noviembre de las Daring Bakers propuesto por Lisa Michele de Parsley, Sage, Desserts and Line Drivers está dedicado a un riquísimo dulce italiano, los Cannoli, unos canutillos de masa fritos y rellenos de ricotta azucarada con trocitos de chocolate o fruta confitada.

Nunca había hecho ni comido los cannoli, así que he preferido seguir la receta original para probarlos tal cual, después pensaba probar otros rellenos, pero ha pasado el mes y no he tenido tiempo, seguro que en cualquier momento volveré a ellos, son verdaderamente ricos, la masa se aromatiza con vino marsala pero yo no tenía, así que le puse Oporto y salieron deliciosos.

Estos son los ingredientes:
Para los canutillos:
-250 gr. de harina
-2 cucharadas (30 gr.) de azúcar
-1 cucharadita de cacao en polvo
-1/2 cucharadita de canela
-1/2 cucharadita de sal
-3 cucharadas de aceite de oliva
-1 cucharadita de vinagre
-125 ml. de vino Marsala ( yo, Oporto)
-1 clara de huevo.
-aceite de girasol o de oliva para freír
Para el relleno:
-500 gr. de ricota
-160 gr. de azúcar glas (más o menos, según nos guste de dulce)
-1/2 cucharadita de canela
-1 cucharadita de extracto de vainilla
-3 cucharadas de chocolate troceado muy fino
-ralladura de una naranja o cáscara de naranja confitada.
Para hacerlos de chocolate añadir unas cucharadas de cacao en polvo.

Así se hacen:
Para hacer la masa mezclar en un bol la harina, el azúcar, el cacao, la canela y la sal, añadir el aceite, el vinagre y el vino necesario para formar una masa suave, volcarla sobre la superficie de trabajo y amasarla durante un par de minutos, formar una bola, cubrirla con un plástico y guardarla en el frigorífico al menos durante dos horas. Pasado este tiempo, extender la masa sobre una superficie enharinada dejándola bien fina, cortar círculos con un cortapastas. engrasar con aceite la parte exterior de los moldes de canutillos y enrollar en ellos los círculos de masa estirándo los extremos para que se solapen un poco, pintar con la clara de huevo la parte donde se cierran y presionar para que se peguen bien. Calentar aceite en una sartén o freidora y freír los canutillos sin amontonarlos, sacarlos a un plato con un papel de cocina y sacarlos de los moldes, dejarlos enfriar.

Para preparar el relleno, escurrir bien la ricotta para quitarle toda el agua, batirla hasta que esté cremosa y añadirle el azúcar, el extracto de vainilla y la canela mientras seguimos batiendo. Añadir el chocolate y la ralladura de naranja, mezclar suavemente.
Rellenar los cannoli con ayuda de una manga pastelera con boca bastante ancha, espolvorear con azúcar glas y adornar los extremos con frutos secos picados, fideos de chocolate o alguna otra cosa al gusto.

Aquí podeis ver lo que han hecho las otras Daring Bakers
Mi paquete del Amigo Invisible ha llegado a su destino, si quereis verlo podeis visitar Duendes en mi cocina, es un blog muy nuevo, casi recién estrenado pero que promete, Natalia y yo compartimos la afición por las galletas y seguro que vamos a ser muy buenas amigas.

Rosquillas de candil

noviembre 16, 2009

Esto del blog va a ser mi ruina! Creo que no pasa un día sin que aparezca algún cacharrico del que hasta entonces ni había oído hablar pero que resulta que es imprescindible, algún ingrediente exótico sin el cual no sé cómo podía vivir hasta el momento, alguna máquina que promete simplificar mi vida radicalmente...total, que ya no sé dónde meter tanta cosa, y siempre me digo que ya no necesito nada más....pero, claro, si aparece en escena Su con sus rosquillas...NECESITO URGENTEMENTE UNA BUÑOLERA DE ESAS!
Pues hace un par de semanas la encontré en una ferretería de por aquí, así que me la llevé corriendo a casa y por la tarde hice las rosquillas de candil...¡Qué ricas estaban! ¡Impresionantes! ¡Deliciosas! ¡Irresistibles!
Son muy fáciles de hacer, la única dificultad es tener el aceite en su punto justo, suficientemente caliente para que la masa no se abra, pero no tanto como para que no se hagan bien por dentro. la buñolera hay que sumergirla en el aceite caliente y dejarla que se caliente bien para que la rosquilla se despegue bien al freírse, lo demás no tiene ningún secreto.

Hice la mitad de la receta de Su, que a su vez la encontró en el blog de Cova y me salió una buena cantidad para una familia normal ( no sé cómo es una familia normal, pero eso es otra historia), pongo las cantidades que yo usé.

Estos son los ingredientes:
-50 ml. de leche entera
-50 ml. de anís seco
-50 ml. de aceitede oliva
-100 gr. de azúcar
-1/2 sobre de levadura química
-175 gr. de harina de repostería
-ralladura de limón
-2 huevos batidos
-aceite de girasol para freír

Así se hacen:
Calentar el aceite de oliva con una cáscara de limón, cuando ésta empiece a chisporrotear, apagar el fuego, retirar la cáscara y dejar enfriar el aceite.
Mientras batir los huevos, añadir los ingredientes líquidos, el azúcar, la ralladura y por último la harina con la levadura y mezclarlo bien, debe quedar una masa fluida pero espesita.
Poner a calentar en un cazo suficiente aceite de girasol para cubrir el molde y algo más. Sumergir el molde en el aceite hasta que esté bien caliente, sacarlo y llenarlo con la masa hasta la mitad con un cucharón, sumergirlo de nuevo en el aceite y esperar hasta que se infle y se desprenda del molde,yo hago dos rosquillas cada vez y mientras se están friendo dejo el molde sumergido en el aceite, darles la vuelta cuando estén doradas, cuando estén hechas por los dos lados sacarlas a un plato cubierto con papel de cocina y cuando se hayan enfriado un poco rebozarla con azúcar.

Algunas las cubrí con chocolate derretido...mis chocolateros me dijeron que estaban aún más ricas que con azúcar, creo que lo mejor es probarlas de las dos maneras y decidirse por unas...si se puede.
Su tiene otras recetas de rosquillas, pero es que dudo que puedan ser mejores que estas!

Paparajotes

abril 15, 2009

Este es uno de los dulces más típicos de la huerta de Murcia, que por estos días anda en plenas fiestas de primavera. Es una especie de buñuelo, como se hacen en tantos lugares, pero estos se hacen aprovechando una de las cosas que más abundan en esta tierra, las hojas de limonero.
Yo no los había hecho nunca, porque en Cartagena no se suelen hacer, pero siempre me han llamada la atención, así que este año me he decidido a hacerlos. Anduve buscando recetas, pero creo que es de esas cosas de las que no existe una fórmula fija, se trata simplemente de hacer una masa para freír con el espesor justo para que se adhiera a la hoja de limonero sin ser demasiado pesada.

Yo los hice de una manera muy sencilla, y la verdad es que estaban riquísimos, incluso al día siguiente.
Así los hice:
Le pedía a mi hijo que me trajera unas hojas de limonero, las lavé muy bien y las sequé con un paño. En un cuenco batí un huevo con un vaso de leche, le añadí una cucharadita de levadura Royal y fui añadiendo harina y mezclando hasta que tuve una masa fluida pero no demasiado líquida. La dejé reposar una media hora en el frigorífico.

Pasado este tiempo puse a calentar aceite en una sartén y fuí sumergiendo las hojas de limonero en la pasta y echándolas a la sartén, las freí por los dos lados hasta que estuvieron bien doraditas y las fuí poniendo en un plato con un papel de cocina para que absorbiera el aceite. Enseguida las pasé por azúcar mezclada con canela.
Se pueden comer calientes o fríos, desprendiendo las dos capas de masa de las hojas, que solo sirven para aromatizarlas, NO SE COMEN!
 
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