Pimientos en agridulce y un fin de semana especial


Hace un par de semanas recibí un mensaje de Begoña, esa fuerza de la naturaleza autora del blog Las recetas de Marichu...y las mías. En el mensaje me contaba que Pilar, de La cocina de Lechuza iba a pasar unos días en Nerja y quería reunir a unos cuantos blogueros en una cena para darle una sorpresa. La verdad es que solamente me lo tuve que pensar un par de minutos, ya tenía muchas ganas de conocer en persona a Begoña que aparte de lo buenísima cocinera que es, como cualquiera puede ver visitando su blog, ya consideraba una buena amiga con la que a pesar de la distancia ya había compartido un montón de cosas.
Así que allá nos fuimos mi Pedro y yo y lo que en principio iba a ser una cena se convirtió en todo un fin de semana disfrutando de la generosa hospitalidad de Begoña y de la maravillosa compañía de Pilar y de Ana, autora de los fantásticos blogs Cocina con Ana Y Corazón de almíbar...bueno, y de las hermanas de Begoña y de Pilar y del marido y los preciosos hijos de Ana.


Parece mentira como entre tantas personas que se encuentran por primera vez surja una simpatía, una familiaridad, una confianza tan grande como la que disfrutamos esos días inolvidables.
La cena, no hace falta decirlo, fue increíble: Salmorejo con queso de La Serena, croquetas, mejillones rellenos hechos por la hermana de Pilar, canapés de queso con anchoas, empanada gallega de lomo hecha por Pilar, un bonito con tomate delicioso , unos pimientos con queso riquísimos...seguro que me dejo algo! Y de postre, una mega macedonia de frutas, unos higos de pala que llevó Ana y una tarta Bakewell hecha por mi. Todo ello aliñado de buen humor, de risas, de bromas, en una fantástica terraza bajo la luna llena y con una temperatura perfecta.


El sábado Begoña nos llevó a un supermercado que es como la cueva de Alí Babá de los aficionados a la cocina...tenían de todo! Productos orientales, ingleses , alemanes, suecos, de repostería, todas las especias imaginables, todas la salsas, las mermeladas, las harinas, los azúcares, siropes...lástima que se nos hizo la hora de cerrar y nos tuvieron que echar de alli casi a empujones...ya os podéis imaginar lo bien que lo pasamos las cuatro rebuscando entre los expositores y llenando las bolsas.
Y, como no, también fuimos a comer pescaito: Sardinas al espeto, boquerones victorianos, puntillitas, coquinas... qué buenísimo todo!


El domingo, aunque pensábamos salir temprano, no nos resistimos a la tentación de comer juntos de nuevo y disfrutar de tantas anécdotas, de tantas risas y de la compañía de unas personas tan encantadoras.
La despedida, como no, fué triste, pero llena de promesas de nuevos encuentros, de planes y de cariño.
Ahora sé que detrás del blog de Lechuza hay una galleguiña encantadora, fuerte y simpatiquísima a la que no hay más remedio que tomar cariño...por no hablar de su hermana, que es la bomba. Y Ana, tan entusiasta, tan emprendedora, tan dulce y al mismo tiempo tan firme, y con unos hijos tan simpáticos y tan bien educados que son para comérselos.
Y sobre Begoña, la verdad es que ya no sé qué decir, exageradamente generosa, apasionada por la cocina, simpatiquísima, cálida, acogedora, inteligente y experimentada. Con ella y sus hermanas es imposible aburrirse o no sentirse a gusto! Fué estupendo conocer a Marichu, tan guapa y tan dulce como la imaginaba!
En fin, esto es una pequeña crónica de ese fin de semana inolvidable, los pequeños detalles se quedan entre nosotras y estoy segura de que no los vamos a olvidar...Gracias, Begoña, por hacerlo posible.


Y como volví a casa con un montón de maravillosos pimientos de los que producen Ana y su marido, ayer hice estos pimientos en agridulce a los que hace tiempo les había echado el ojo en el blog Mollica di Pane.
Es una receta de lo más sencillo, pero el resultado es fantástico lo mismo como acompañamiento de un segundo plato que para picar antes de la comida. Supongo que la calidad de los pimientos ayudó, pero no podíamos parar de comerlos!


Estos son los ingredientes:
-2 ó 3 pimientos grandes de asar
-100 gr. de migas de pan (mejor si es un pan casero del día anterior)
-80 gr. de almendras troceadas (yo le puse almendra en láminas)
-50 gr. de vinagre de vino blanco
-10 gr. de azúcar
-aceite virgen de oliva
-sal
Así se hace:
Disolver el azúcar en un vaso con el vinagre, reservar.
Trocear los pimientos en trozos más bien grandes y freírlos a fuego suave en una sartén con bastante aceite. Cuando estén tiernos, pero sin llegar a ponerse blandos, apartarlos y en ese mismo aceite freír las migas de pan hasta que están crujientes, entonces volver a echar los pimientos, añadir las almendras y la sal y saltearlo todo junto.
Añadir la mezcla de vinagre y azúcar y cocer hasta que se evapore el líquido.
Nosotros los comimos ya fríos y estaban ...Mmmm.

Capirotada


He estado barajando varias recetas para presentarlas al concurso de Cocina mexicana organizado por el Lazy Blog  y la escuela de cocina Kitchen Club y la verdad es que hay una gran variedad de posibilidades, pero entre que quería hacer algo nuevo, y que por aquí encontrar chiles mexicanos es cuestión de suerte y bastante improbable, me he decidido por un postre.


La capirotada es un postre típico de la cuaresma, sobre todo de la Semana Santa, generalmente se prepara la tarde del Jueves Santo y se consume al día siguiente. Según he podido leer, la capirotada era un plato que se tomaba en España en la Edad Media, consistente en varias capas de distintos alimentos :queso, huevos, carnes, etc...cocinados juntos en un caldo.
Supongo que este plato lo llevaron a México los colonizadores y con el tiempo se le fueron añadiendo elementos dulces hasta transformarse en un postre. De hecho, todas las versiones que he encontrado conservan el queso y algunas le añaden tomate al almíbar.
Es un plato estupendo para aprovechar restos de bollos o brioches y además de los que permiten echar a volar la imaginación, yo no le he puesto fruta fresca, pero se le pueden poner también plátanos, papaya o cualquier otra fruta que tengamos a mano.
No es que quede muy bien en las fotos, pero está muy, muy bueno.


Estos son los ingredientes:
-4 tazas de agua
-300 gr. de azúcar morena o piloncillo
-1 rama de canela
-2ó 3 clavos de olor (opcional)
-un buen puñado de pasas
-2ó 3 bollitos o brioches o unas rebanadas de pan de molde
-queso blanco troceado
-un puñado de nueces troceadas
-un puñado de cacahuetes
-1 tortilla mexicana (opcional)





Así se hace:
Precalentar el horno a 190º. Engrasar un molde hondo y poner en el fondo la tortilla (esto se ponía para que el dulce no se pegara al molde, pero creo que actualmente no hace falta ponerla)
Llevar a ebullición el agua con el azúcar, la canela y los clavos dejarla hervir unos 10 minutos hasta que el agua haya reducido un poco. apartar de fuego y colar el jarabe.
Poner el pan o los bollos en rebanadas gruesas en una bandeja de horno y tostarlos hasta que estén bien dorados.
Colocar una capa de pan en el fondo del molde y sobre el repartir la mitad del queso, de las neces, las pasa y los cacahuetes, cubrir con otra capa de pan y terminar con más queso, pasas y frutos secos.
Verter el almíbar hasta que casi lo cubra todo. La preparación no debe llegar al borde del molde, pues el pan aumenta bastante.
Tapar con una hoja de papel de aluminio y hornear durante unos 30 minutos, pasado este tiempo destaparlo y dejarlo otros 15 minutos hasta que la parte superior esté bien tostada y crujiente.
Se puede comer tibio o guardarlo en el frigorífico y tomarlo fresquito al día siguiente.


Receta adaptada de aquí

Cocas de crema


Hace unos días Monica publicó en La zuccheriera unas raquetas salmantinas, un dulce típico de aquella ciudad que a ella le trae estupendos recuerdos. Desde luego, tienen una pinta fabulosa, pero yo cuando las vi empecé a pensar en otra cosa...
Cuando era niña pasaba una parte de mis veranos en Palma de Mallorca donde vivía la familia de mi padre. Mejor no hablar de lo que era esa ciudad y esa isla a finales de los años sesenta, cuando empezaba la fiebre del turismo pero había aún tantos lugares intactos, tranquilos y llenos de tradiciones. Para mi, que venía de una pequeña ciudad de provincias con lo que eso significaba en aquella época, aquella mezcla de la más rabiosa modernidad con la vida tradicional mallorquina era como asomarme a un mundo maravilloso y sorprendente.
Y como buena golosa que he sido siempre, una de esas costumbres que me encantaban era la de que mi abuela o mi tía se acercaran al "forn" para que tuviéramos para desayunar las más deliciosas ensaimadas recién hechas o unas fantásticas cocas de crema que han quedado en mi memoria como una de esas cosas maravillosas que se pierden con el paso del tiempo, pero que cuando las encuentras de nuevo tienen el poder de evocarte aquella felicidad que entonces no reconocías como tal...bueno, esto ha quedado muy proustiano, pero a ver quién no ha sentido algo así.

El caso es que cuando vi las raquetas de Monica me decidí a intentar reproducir aquellas increíbles cocas que tanto he añorado.
He hecho muy pocas modificaciones, le he puesto manteca en vez de mantequilla para acercarlas algo a las ensaimadas y en vez de dejar fermentar la masa durante toda la noche, las hice en la misma tarde...es que estaba impaciente! A unas les he puesto un poco de canela por encima y a las otras les he quemado un poco de azúcar...es que no termino de recordar como eran!
El caso es que las dos están buenísimas y que estoy disfrutándolas tanto como en aquellos días tan lejanos.
Estos son los ingredientes:
Para la masa:
-250 gr. de harina de fuerza
-algo menos de un sobre de levadura de panadería seca
-2 cucharadas de agua templada
-30 gr. de azúcar glas
-un sobre de azúcar vainillado
-2 huevos a temperatura ambiente
-/2 cucharadita de sal
-100 gr. de manteca de cerdo o 125 gr. de mantequilla salada en pomada

Para la crema:
-250 ml. de leche
-un trozo de piel de limón y un palito de canela
-2 yemas de huevo
-75 gr. de azúcar
-25 gr. de azúcar tamizada
-25 gr. de mantequilla en pomada.


Así se hacen:
Para preparar la masa, amasar todos los ingredientes a mano, con amasadora o en la panificadora hasta obtener una masa algo pegajosa. Dejarla reposar en un tupper cerrado y dejarla levar durante una hora u hora y media.
Mientras podemos ir haciendo la crema:
Poner en un cazo la leche con la cáscara de limón y el palito de canela, calentarla despacio casi hasta el punto de ebullición.
Mezclar en un cuenco las yemas con el azúcar hasta que la mezcla empiece a blanquear, añadir la harina y mezclar bien. Retirar la cáscara de limón y la canela de la leche y echarla aún caliente y poco a poco sobre la mezcla de huevo removiendo sin parar, volver a echar esta mezcla en el cazo y llevar a fuego suave sin dejar de remover hasta que la mezcla espese. Retirarla del fuego y dejarla enfríar.
Cuando la masa haya levado, volcarla sobre la superficie de trabajo enharinada, estirarla con el rodillo hasta formar un rectángulo y doblar el tercio de la izquerda sobre el centro y sobre estos el tercio de la derecha, repetir esta operación dos veces más. Dividir la masa en 8 partes iguales, darles forma de bola  e irlas aplastando con la mano hasta tener un círculo de masa bastante fino, dejando un borde algo más grueso, como una pequeñas pizzas.
Irlas colocando en una placa de horno cubierta con un papel de horno. Cubrir cada coca con una buena capa de crema dejando libre el borde.
No tienen que subir mucho, así que en este punto se puede encender el horno a 190º, cuando alcance la temperatura, meter las cocas durante unos 10-15 minutos, hasta que estén doraditas.
Al sacarlas del horno, espolvorearlas con azúcar y quemarlas con un quemador o un soplete de cocina, o simplemente con un poco de canela, de las dos maneras están increíbles.
Muchas gracias, mi niña.

Cannelés al Cointreau


Lo primero, un pequeño aviso. Desde ayer está disponible un índice de recetas que podéis encontrar pinchando el enlace en la columna lateral del blog. Hacía tiempo que quería hacerlo pero no sabía como, pero en realidad ha sido tan fácil como dedicarle un par de tardes. La verdad es que ver todas las recetas listadas una detrás de otra da un poco de vértigo...quién me lo iba a decir a mi, que siempre he sido de las que lo dejan todo a medias!
Bueno, pues ya no tenéis excusa para no buscar una receta, tenéis las etiquetas, el buscador (que por cierto, me encanta como funciona) y ahora el índice. Espero que os sea útil, y si le veis algún fallo me lo decís. Seguramente podía haber hecho más apartados pero quería hacerlo lo más sencillo posible.

Y respecto a estos cannelés, pues solo decir que es una especialidad de Burdeos y que después de verlos un millón de veces en los blogs franceses hace poco conseguí un molde de silicona para hacerlos, la verdad es que los moldes genuinos son de cobre, pero para hacerlos esporádicamente no creo que merezca la pena el gasto.
Nunca los había comido y no sé si me han salido como deben, pero la verdad es que están buenísimos, con el exterior durito y caramelizado y el interior suave y muy jugoso, con un sabor delicioso, además, facilísimos de hacer.
Estos son los ingredientes: (para un molde de 8 cannelés he puesto la mitad de las cantidades)
-1/2 l. de leche
-25 gr. de mantequilla
-2 huevos enteros y dos yemas
-2 cucharaditas de extracto de vainilla
-100 gr. de harina
-200 gr. de azúcar
- 4 ó 5 cucharadas soperas de Cointreau u otro licor al gusto.

Así se hace:
Calentar la leche con la mantequilla y el extracto de vainilla al fuego o en el microondas. En un bol mezclar la harina con el azúcar y los huevos, añadir la leche caliente y mezclar bien. Dejar reposar la pasta en el frigorífico al menos 24 horas (48 como máximo).
Pasado este tiempo, precalentar el horno a 220º. Sacar la mezcla del frigorífico y añadirle el Cointreau. Llenar los moldes hasta más o menos un dedo del borde.Introducir en el horno, pasados 5 minutos bajar la temperatura a 180º  y hornear durante 40-50 minutos, hasta que estén bien dorados (más bien tostados) yo los tuve casi una hora.
Sacarlos del horno y esperar a que se enfríen antes de desmoldarlos.

Receta encontrada aquí

Calabacines encurtidos


Generalmente los encurtidos no me suelen atraer mucho, aparte de las aceitunas que me encantan en todas sus variedades, muy raramente como pepinillos o guindillas en vinagre, así que no sé por qué me llamó la atención esta receta de calabacines encurtidos que encontré en la revista Good Food ya que ni siquiera tiene una foto especialmente atrayente.
Bueno, pues ya tengo un nuevo vicio que añadir a la lista...están buenísimos! Reconozco que el sabor del vinagre es bastante pronunciado, pero combinado con un toquecillo picante y un poco dulce y con la textura crujiente del calabacín en láminas muy finas, es una verdadera delicia. Fantástico para el aperitivo, para acompañar las comidas, o como parte de un buen bocadillo...creo que nunca van a faltar en mi nevera!

Estos son los ingredientes:
-500 gr. de calabacines
-3 chalotas picadas (yo le puse media cebolla)
-2 cucharadas de sal

Para el líquido de encurtir:
-500 ml. de vinagre de manzana
-140 gr. de azúcar
-1 cucharadita de mostaza en polvo
-1 cucharadita de granos de mostaza
-1/2 chile o guindilla seca picada
-1 cucharadita de cúrcuma

Así se hace:
Lavar los calabacines y sin quitarles la piel cortarlos en rodajas muy finas con una mandolina o a mano. Ponerlos en un cuaenco hondo con la cebolla y la sal, mezclar bien y cubrir de agua fría. Después de una hora escurrir los calabacines y secarlos bien con papel de cocina.
Poner los ingredientes del encurtido en una cacerola y llevarlo a ebullición, dejar cocer unos tres minutos hasta que el azúcar esté bien disuelta. Apartarlo del fuego y cuando el líquido esté templado añadir el calabacín y remover un poco para que se mezcle bien.
Repartirlos en dos frascos de medio litro recién esterilizados, taparlos y dejarlos enfríar boca abajo, una vez fríos guardarlos en el frigorífico. Esperar al menos dos días para consumirlo.

Pastel de jengibre para resolver misterios


La afición por la lectura es una de las mejores cosas que he tenido en mi vida y la que me ha acompañado durante más tiempo. Gracias a ella he vivido miles de vidas, he conocido un montón de países, he vivido aventuras, amores, dramas y situaciones absurdas y cómicas. Los libros me han aliviado la soledad y el dolor en los malos momentos, o simplemente me han divertido, entretenido y acompañado mucho más que cualquier otra cosa. La verdad, creo que la gente que nunca lee se está perdiendo algo maravilloso, una dimensión de la vida que la hace más plena, mas honda.
No recuerdo el momento en que me picó el gusanillo de la lectura, supongo que fue desde que aprendí a leer, pero sí recuerdo los primeros libros que me absorbieron, los primeros que devoré apasionadamente. Fueron los de Los Cinco de Enid Blyton. No sé qué edad tenía cuando los leí, supongo que alrededor de los diez años, pero recuerdo perfectamente lo mucho que me gustaban las aventuras de esos cuatro niños ingleses con su perro, quizás porque eran unos niños normales como yo y mis amigas, pero a los que le pasaban una cantidad enorme de aventuras...si hasta tenían una isla propia! Allá donde fueran había un misterio, un pasadizo secreto, un personaje taciturno con un terrible secreto.

Supongo que ahora todo eso suena pasado de moda, ingenuo, primitivo, pero teniendo en cuenta que cuando yo los leí corrían los años sesenta aquello era un mundo bastante exótico...y qué más exótico que el pastel de jengibre que comían un día sí y otro también. Durante muchísimos años el jengibre fue para mí algo así como una palabra mágica, algo que no podía asociar a nada que conociera, sino una evocación del misterio en la campiña inglesa, de la isla de Kirrin, de las excursiones en bicicleta, de Jorge, Julian, Dick, Ana y Tim.
No hace tanto tiempo que el jengibre dejó de tener su cualidad mágica y pasó a formar parte de mi despensa cotidiana, pero hasta ahora no había hecho un Pastel de jengibre (en realidad es un bizcocho, pero en mis libros era pastel, y con pastel se queda) y estoy segura de que lo haré muchas más veces porque está riquísimo!
Qué mejor momento que una tarde de verano para releer uno de esos libros mientras se come una rebanada de pastel de jengibre acompañado de un vaso de té helado...aunque los pasadizos secretos hayan pasado de moda!

Estos son los ingredientes:
-80-90 gr. de jengibre en almíbar picado(aquí podéis ver como hacerlo)
-2 cucharadas del amíbar
-1 cucharadita colmada de jengibre seco en polvo
-1 cucharadita colmada de jengibre fresco rallado
-175 gr. de mantequilla a temperatura ambiente
-175 gr. de azúcar
-3 huevos
-1 cucharada de jarabe oscuro como este
-225 gr. de harina para bizcochos (con levadura)
-1 cucharada de almendra molida
-2 cucharadas de leche

Para el glaseado:
-el zumo de un limón
-225 gr. de azúcar glas (yo le he puesto algo menos)
-unos trozos de jengibre confitado para adornar


Así se hace:
Engrasar un molde de cake no muy grande (unos 20 cm.) y precalentar el horno a 180º.
Batir la mantequilla con el azúcar hasta que la mezcla esté cremosa, añadir los huevos de uno en uno sin dejar de batir, esperando a que el primero esté bien incorporado antes de añadir el siguiente. Añadir el almíbar y el Dark Syrup.
Tamizar la harina con el jengibre en polvo y añadirla a la mezcla mezclando suavemente, echar la almendra en polvo y la leche, mezclar bien y por último añadir el jengibre rallado y el confitado, mezclar un poco y verter la masa en el molde. Hornearlo durante unos 40-50 minutos, hasta que al pincharlo con una aguja, ésta salga limpia.
Esperar unos 10 minutos, desmoldarlo y dejarlo enfríar sobre una rejilla.

Para el glaseado, tamizar el azúcar en un bol e irle añadiendo poco a poco el zumo de limón, removiendo con un tenedor o un batidor hasta que adquiera una consistencia como de miel. El líquido hay que irlo añadiendo en pequeñas cantidades para que no se ponga muy líquido, en cuyo caso habría que añadirle más azúcar.
Poner la rejilla con el bizcocho sobre un papel de horno y verter el glaseado por encima, dejando que caiga por los lados, lo que caiga en el papel se puede recuperar y volver a echarlo por encima.
Adornar con unos trocitos de jengibre confitado y dejar secar el glaseado.

Receta encontrada aquí

Curry de garbanzos y berenjenas


Posiblemente este plato no sea lo que más apetece comer en medio de un verano que por lo menos por aquí está siendo tan caluroso como siempre, pero la verdad es que a pesar de ser un guiso caliente y picante no hemos tenido ningún problema en comerlo, es más, nos ha encantado y menos mal que hice bastante cantidad y al día siguiente pudimos repetir...Además no hace falta tomarlo hirviendo, con que esté templadito basta.
Es un plato muy sencillo de hacer, sobre todo si se usan garbanzos ya cocidos, el único problema puede ser tener todas las especias, pero creo que hoy en día ya no son tan difíciles de encontrar...yo tenía de todo en la despensa!

Estos son los ingredientes:
-2 berenjenas
-aceite de oliva o de girasol
-1 cucharada de semillas de mostaza
-unas 10 hojas de curry (si no tenéis no pasa nada)
-2 cebollas picadas
-2 guindillas secas picadas (más o menos según vuestra tolerancia al picante)
-4 cucharaditas de garam masala (si no encontráis, aquí podéis ver como hacerlo)
-2 cucharaditas de coriandro molido
-2 cucharaditas de cúrcuma
-una lata de leche de coco
-6 tomates pequeños cortados en cuartos
-un bote grande de garbanzos cocidos
Así se hace:
Cortar las berenjenas sin pelar por la mitad y después en cuñas a lo largo, ponerlas en un bol cubiertas de agua con sal durante unos 15 minutos. Escurrirlas y secarlas y freírlas en un poco de aceite hasta que estén doradas. Reservarlas.
En el mismo aceite poner los granos de mostaza y las hojas de curry hasta que los granos de mostaza empiecen a explotar. Añadir la cebolla y freír a fuego suave hasta que empiece a dorarse.
Añadir el resto de las especies y las guindillas con una cucharada de leche de coco y freír durante un minuto, añadir el resto de la leche de coco, los tomates y medio vaso de agua. Dejar cocer suavemente durante una media hora. Añadir los garbanzos y las berenjenas y cocer durante unos 15 minutos más, hasta que las berenjenas estén tiernas y los garbanzos bien integrados en el guiso.
Se puede servir acompañado de arroz basmati cocido, nosotros lo hemos tomado solo...buenísimo!

De la revista GoodFood

Helado de cheesecake


Siguiendo con la serie de helados hoy le toca el turno a este helado de cheesecake que estaba buenísimo (lamenteblemente ya se ha acabado). Naturalmente no está hecho con pastel de queso, pero lleva todos sus ingredientes, incluidas las galletas y resulta delicioso y muy refrescante. Le he puesto también un poco de mermelada de fresa, pero con cualquier mermelada estará igual de bueno, o con un poco de crema de caramelo o dulce de leche...todo lo que se le puede poner a un verdadero cheesecake.
Yo tengo planeado hacer uno de tutti-frutti, pues el sabor me recuerda mucho a uno que comía cuando era niña que me encantaba.

Estos son los ingredientes:
-1 taza de azúcar
-110 gr. de queso crema
-1 huevo
-1/2 cucharadita de extracto de vainilla
-1/4 de taza de leche
-2 cucharaditas de ralladura de cáscara de limón o de naranja
-1 y 1/2 tazas de nata para montar
-3 ó 4 galletas digesta troceadas
3 ó 4 cucharadas de mermelada de fresa

Así se hace:
Batir el azúcar con el queso, añadir el huevo y el extracto de vainilla y batir bien hasta que la mezcla esté homogénea.
Calentar la leche en un cazo, cuando empiece a hervir verterla en un hilo muy fino sobre la mezcla de queso mientras seguimos batiendo. Llevar esta mezcla al fuego removiendo constantemente con una cuchara de madera hasta que la mezcla comience a espesar, con cuidado de que no hierva, pues se cuajaría el huevo. Si tenéis un termómetro de cocina, se deben alcanzar los 85º sin sobrepasarlos.
Echar esta crema en un bol y cuando se haya enfriado un poco añadir la ralladura de limón y la nata, mezclarlo bien y dejar enfríar en el frigorífico.
Cuando está bien fría, ponerla a helar en la heladera, cuando ya esté casi hecho el helado, mezclar las galletas troceadas.
Una vez el helado hecho, repartir unas cucharadas de mermelada mezclando un poco con una cuchara con cuidado de que no se mezcle demasiado.

¿Os gusta mi nueva espátula-dedo?...A mí me encanta.

Del libro: The Ultimate Ice Cream Book